EL LIBRO DE LA NATURALEZA

 

Con el fin de leer en el libro de la naturaleza, aquella mañana el maestro decidió llevar a la montaña sus veinticinco traviesos alumnos. Sus edades oscilaban entre los diez y los catorce años y se les veía muy contentos con la excursión, cuyo primer efecto gratificante era el de no asistir a clase.

Pero el maestro quería que en aquel día recibieran precisamente la lección más interesante y provechosa del curso. Tanto era así que en el momento de llegar a un bellísimo valle, los reunió para decirles:

Mirad las flores, permitid que su belleza hable a vuestro corazón. Escuchad el murmullo de este riachuelo; oíd como cantan llenos de gozo los pájaros, estos trovadores incansables de la Madre Naturaleza... Sentid, en fin, el latido vital de la Tierra. Todo, aquí, tomad conciencia, es vibración pletórica de la pureza, la espontaneidad, la vida.

Después de una pausa, añadió:

En estos momentos, os lo aseguro, lo mejor que mis labios pueden hacer es enmudecer.

Y todo el grupo permaneció en silencio. Las palabras, los gestos, los pensamientos... dejaron paso a la CONTEMPLACIÓN.